domingo, 16 de septiembre de 2007

Oh awards!


No soy de esas personas que ve los Oscar. Ni los Goya. Ni los premios MTV.
No soy de certámenes televisados.

A mí me gusta saber directamente el ganador. Hacer mis quinielas personales, sin dinero de por medio, of course.

A lo sumo habré visto algún framento de los Grammy. Aunque lo último que recuerdo haber visto en plan gala, es Eurovisión.

Y no me averguenzo de ello, simplemente cómo estudio antropológico de aquello en que se ha convertido: un freak show.

Pero los Emmy, me llaman.

Será porque últimamente he dejado la pantalla grande de lado para sucumbir al televisor.

Y eso porque refrendo la teoría de que los mejores guionistas (y consiguientemente los grandes personajes) ya no están en el cine sino en la televisión.

Desde que me hice adicta a Sexo en Nueva York, no he parado de consumir soap operas made in USA (porque lo de la ficción española..eso es otro tema).

Al principio era entre terapia y aprendizaje.

Era la única manera de gozar de la versión original de forma distendida.

No dejo de ir al cine en VO pero todos sabemos que la programación es escasa y de otro calibre.

Es un cine para predispuestos.

Así que en los flacos momentos prefiero buscar refugio en algo más ligero aunque no por ello menos valioso.

Carrie Bradshaw me ha aportado más de lo que creo.

Y el Dr. House.
Y Sandra Oh.

¿Y quién dijo que la ficción es poco constructiva?

No he sacado conslusiones existenciales de la pasión de la Parker por los manolos ni de sus tics adolescentes pero sí de su histriónica capacidad reflexiva. De su franqueza inusual. De su incondicional amistad.
Le doy las gracias por su particular visión.
Por ese otro mundo. Y por su otro yo.

Los personajes de mentira no son más que un cúmulo de defectos y virtudes de los de verdad.

Se exageran ciertos rasgos.

Se recalcan ciertas actitudes.

Se obvian tantas otros talantes.
Porque son metáforas.

Símbolos.

El trazo es menos fino que en la pelis.

Pero el tiempo juega a su favor.

Ya no son dos horas de metraje y adiós. Sino meses e incluso años.

Y es que al final establecemos universos paralelos.

O te identificas porque ves reflejada tu propia vida o te evades porque resulta que es la vida que te gustaría vivir.

La persona que eres , la persona que quisieras ser.

O aquello en lo que no te quieres convertir.
Y te enganchas como un bobo.

Estableces lazos de amor, de odio, de amistad.

Entablas una extraña conexión virtual.

Aunque menos intensa y/o dolorosa.

Y es que sino, sería realidad.