miércoles, 31 de octubre de 2007

Requiem por un sueño hecho mujer












































































































Vuelve locos a los hombres que no pierden la cabeza por cualquier mujer.








Y despierta las más viscerales envidias entre aquellas cuyos hombres la desean.











Jennifer Connelly constituye un extraño fenómeno acción/reacción.




















Me resulta difícil determinar si es sexy o no.

Incluso así, en bañador, a lo chica bond, no me convence como cañón.

En mis circunstancia puedo decir y digo que como mujer, no me dice nada.

Vaya, que si me gustaran las mujeres, que me gustan pero en otros términos, los puramente estéticos, no me "pondría".

Aunque reconozco que es absolutamente preciosa.

Y hablo de manera totalmente objetiva. Sin prejucios ni aversiones. Que a veces parece que de mujer a mujer, una nunca puede opinar, porqué de fémina a fémina, el juicio parte siempre contaminado y ligeramente corrompido.

Estoy de acuerdo: nuestra mente no es inmaculada.

Nuestro pensamiento no es "virgen".

Pero que los hombres no sean capaces de formarse una opinión acerca de sus semejantes no significa que nosotras, mucho menos mecánicas y unidireccionales, sobradamente instintivas y absortas, aunque de juicio facilón y muchas veces imprudente y de menguada conveniencia, no podamos y sepamos formarnos un veredicto fundado y neutro, aunque sea al vuelo.

Me resulta absurdamente gracioso que los hombres no aprecien abiertamente la belleza de otros hombres sin sentir que están mancillando su virilidad y poniendo en entredicho su inamovible hombría.

Por eso digo que cuando nosotras decimos "que guapa" o, según ellos, en la mayoría de casos, "que fea", ellos no lo toman como lo que es sino como una rabieta insustancial. Como eso que dicen las mujeres de ellas mismas por decir, por fastidiar, por mortificar, que es lo que nos va.

Pero es que ellos, ni siquiera llegan a poder hacer esa distinción entre "es guapa vale, pero no me gusta".

A ellos les puede la libido.

Les nubla los sentidos y les concentra las carencias.





















Bien, dilapidaciones aparte, y generalizaciones fulminantes versadas (no todos son así), cómo ya he dicho, Jennifer es un rato guapa.






Que a eso es a lo que venía aquí.





A "hablar de mi libro".


















Es la mujer pluscuamperfecta según el cánon que ahora se lleva.











Altísima, delgada, sin voluptuosidades a la carta y super fibrada.









Con cara angulosa pero angelical, piel blanquecina y tersa, ojos de un azul cristalino, labios carnosos sin rozar lo obsceno y pelo moreno, morenísimo, cómo contraste perfecto a todo lo anterior.










El prototipo de muchacha que gusta para novia y no para amante.










El perfil de chica que muchos buscan como madre.











Por eso le va más el papel de niña buena.










Cómo en Una mente maravillosa.










O en Little children, donde hace de mujer demasiado lograda para ser deseada y amada a la par.











Es lo que tienen las que lo tienen todo.














Que de tan excelsas, cansan.











A ella yo creo que en realidad le pasa un poco eso.





Por eso no es la que más portadas acapara, ni la más buscada para eventos o publicidad.




No es porque no lo valga sino que no hay "chicha" que explotar.




No da escándalos, no se pasa, hace cine independiente, películas comprometidas, escoge muy
bien sus papeles y mientras tanto cuida de su marido e hijos en su acogedora jaula de cristal.











Así que sí, le acepto pulpo como animal de compañía a mi novio.


Lo mismo que el me acepta a Paul Bettany (marido de la susodicha) como fantasía ocasional.


Pero yo me sigo quedando con Beyoncé.



Y él, de momento, conmigo.
(fotos: Vogue Us Noviembre 2007)

martes, 30 de octubre de 2007

Y yo, con estos pelos.




Falsas apariencias.


Perfección imperfecta. Estudiado descuido. Simulado despeinado. Y calculada dejadez.


Porque lo que se lleva ahora son las cabelleras salvajes, las melenas al viento, los mechones rebeldes, las puntas abiertas y el cardado desestructurado con cierto tufillo a calcinado.


Pero no es desidia todo lo que reluce.


No es desaliño todo lo que se ve...


















Todo está minuciosamente buscado.


Conciencudamente fijado.


¿Y a mí que me encanta el look desdichado?


Bien, sé que resulta estrafalario y casi grotesco, pero como ya he dicho en repetidas ocasiones no me disgusta la tendencia fictícia que se ve por ahí y que han inspirado seudo musas como las terribles hermanas Olsen o la amada/odiada Cory Kennedy.


Y que siguen muy de cerca reinas Bobo cómo la malbautizada chica it y su coetánea, mi querida y angulosa Keira. O la Moss, si me apuras.







Sí, en el circuito europeo triunfa más que en las americas (con permiso de las susodichas), allí el concepto de mujer es más bien otro.


Se llevan más recauchutadas y artificiales.



Estandarizadas y postizamente clónicas.



Son más rubias, más voluminosas, y aunque ahora se las empiece a pillar en renuncios, hasta el momento eran hitos de la feminidad veinticuatro horas.



Aquí no es que seamos más "machorros", pero el canon es menos pronunciado, algo menos prominente.







El estilo europeo siempre ha sido más "garçon" y menos Marylin.



Más natural y sosegado.



Más tangible aunque no por ello menos curado.







Allí son más de laca, y aquí somos más de fijador.



Allí son más de rulos y aquí más de planchado y rectitud.




Allí tienen a la impoluta Wintour y aquí nos "ponen" los pelos agitadores de Carine.



























lunes, 29 de octubre de 2007

Lady Bird

Nació el mismo día que yo, pero cincuenta años atrás.


Me ha hecho especial ilusión cuando lo he visto, y aunque podría quedarse en lo puramente anecdótico, no sé, he sentido una especial conexión.


Tippi tiene un no se qué enigmático, que me resulta especialmente familiar.


Nunca fué la más guapa, ni la más deseada.


No era especialmente dulce ni tenía una aterciopelada voz.


Sus personajes tenían la dosis justa de glamour.


Pero su mirada y su fuerte carácter, le permitieron hacerse un digno hueco entre las divas del cine.






Ella llenó el vació que dejó la eterna musa, la bella entre las bellas, la hermosa Grace, cuando se dejó seducir por las mieles reales y abandonó su carrera cómo actriz para convertirse en princesa de cuento, dejando huérfano al maestro del suspense en particular, y al celuloide "hollywoodiense", en general.


Hitchock, ese tipo de orondas formas, perturbadoramente inteligente y consecuentemente visionario y sibilino, atormentado, profundamente acomplejado, amante frustrado de porte siniestro, y un tanto maligno, estaba absolutamente obsesionado con un prototipo determinado de mujer: una hembra rubia, distinguida, elegante, de aire inaccesible, anatomía perfecta e incipiente frigidez.


Esa diosa que él nunca pudo tener en la vida real.









La Kelly encarnaba la delicadeza, la exquisitez, el refinamiento, el armonioso atractivo y la sutil persuasión.


Tippi era sin embargo de encanto cercado y fría expresión.


Más misteriosa y menos explícitamente bonita, menos tierna y de semblante más recio y riguroso, ligeramente gélida y de tenue insinuación.









Su mentor, el propio Hitchcock, la descubrió a través de un anuncio de bebidas, cuando esta joven de dieciocho años iniciaba una prematura carrera cómo modelo en la ciudad de Nueva York.



La vió, se "enamoró" de ella, y pasó de chica de spot a impactante protagonista de uno de los hoy clásicos del cine de "terror", Los pájaros.

Allí se puso en la piel de Melanie Daniels, una caprichosa y encantadora joven, hija de un magnate de la comunicación, que se enamora casualmente de un no menos atractivo abogado de tortuosa y desdeñable madre, en un momento y entorno de catarsis ornitológica...


El papel le valió un globo de oro a la actriz revelación del año, 1963, y fué su pasaporte a la fama. A una tímida y lánguida fama de la que nunca hizo alarde pero de la tampoco renegó, al menos momentáneamente.











Al año siguiente se mete en la piel de una señorita de actitud típicamente freudiana.


Ladrona compulsiva y con tintes esquizofrénicos, Marnie es una chica atormentada por una infancia traumática llena de claroscuros y teñida de rechazo maternal hasta que aparece en su vida un acaudalado angel de la guarda, un canallesco y sexy Connery en el agudo papel de atractivo e improbable salvador.





Tras una relación amor-odio con ese "señor gordo" que la catapultó a la fama, Tippi siguió su camino, ese sendero de gloria que tan hábilmente le labró su descubridor, pero que ella quiso corregir y alterar, a su gusto y condición, porqué la Hedren, era y es, de armas tomar.
Detrás de esa cara semi angelical, tras ese rostro fino pero compungido, gentil pero contenido, se escondió un proyecto de señora que, con más pena que gloria, consolidó su carrera de actriz y acabó viviendo en una peculiar reserva animal en California, alejada de toda farándula, foco y acción.
Creo que sigue viviendo allí, en ese terrible sitio de película de miedo, esa seudo mansión de serie B dónde campan a sus anchas los leones entre corredor y bastidor (salió una vez en el Hola y de verdad, era de pavor..).
Cosas del destino, Grace, princesa de Mónaco y ella, reina de la selva en su particular y asilvestrado jardín del edén...
Pero una monarca digna y nada artificiosa, discreta y de prudente condición.
Madre protectora en la sombra y suegra de un zorro muy español.






viernes, 26 de octubre de 2007

El club de la buena Estrella



























Hasta ahora había estado siempre entre bambalinas.






A la sombra y a las órdenes de grandes cómo Lacroix, Pucci o Nina Ricci.






Pero, nacida Esther Angulo hace 33 años, ésta barcelonesa rebautizada Estrella Archs saltó a la palestra este otoño, bajo el patrocinio de Cacharel, tras más de diez años de laborioso y productivo anonimato.






Presentó su colección (imágenes de arriba) a principios de octubre en Paris con una propuesta "hecha por una mujer para la mujer".


Sobre la pasarela, una estética natural, tenue y sutil.
De formas nada artificiosas, líneas frágiles, y texturas vaporosas y casi transparentes de tan ligeras.
Adicta a las barbies desde su más tierna infancia, no puede ocultar su predilección por las piernas infinitas, de las que ella, al igual que sus compañeras de juegos, pueden hacer feliz alarde (es una gacela guapísima y refinada).

Tras su tímido pero aplaudido éxito, Estrella pareció dar un paso de gigante en su fulgurante aunque breve carrera cuando fué anunciada, poco después, cómo nueva directora artística de la maison, relevando así a la pareja anglo brasileña, Suzanne Clements e Ignacio Ribeiro: Clements Ribeiro.
Pero parace que el barco que tan pronta y efusivamente zarpó, no llegará finalmente a buen puerto, ya que su mentora, Cacharel, prefiere mantenerla y reafirmarla al frente de su propia marca, para lo que ha sustituido a la sutituta, por otro dúo, los británicos Eley Kishimoto (abajo, imágenes de su colección para el próximo verano).
La verdad es que el estilo de éstos últimos casa mejor con el espíritu menos idílico y romántico, más gráfico y casual, de la casa francesa.
Yo personalmente, me alegro.
Creo que más que una precipitada "marcha atrás" se trata de una estrategia tardía y un tanto confusa de merecida ratificación profesional.
Una apuesta segura.
Y es que parece que en París, también los dan de dos en dos...






















































































































































jueves, 25 de octubre de 2007

Las vidas de una tendencia


Si es que podemos decir que una tendencia, llega a vivir.



Porqué nacer, nacen, y se reproducen a la velocidad de la pólvora.



Más bien se extienden por defecto y muchas veces, contra todo pronóstico, gusto o sentido común.



Ahora lo de mantenerse, eso en cuestión de moda va casi en contra de su propia definición. De su quintaesencia.


Al hilo de un artículo publicado en el vogue de éste mes, me pregunto yo también si las tendencias no son patrones atropellados que existen en teoría pero que mueren al ponerse en pie. O poco después.




Coco Chanel decía que moda es "todo lo que puede pasar de moda", y cómo bien matizan en la revista, "sí, pero ¿tan rápido?".



Los hits son pasajeros.


Efímeros, fugaces y perecederos.


Casi meras suposiciones.


Llegan por casualidad y se van por la puerta de atrás.


Unos pocos se quedan, pero entonces ya no son tendencia, sino fondo de armario.


Se gestan en la pasarela y se labran en las alfombras rojas.


Las celebrities son sus principales encumbradoras y exterminadoras.


Son las primeras en hacerse con los its y los must porqué ellas mismas los crean, los moldean, los adaptan, los desgastan y los queman.


En invierno ya lucen lo que se llevará en verano y viceversa, no dan tiempo a que las prendas lleguen a las tiendas y así el resto de los mortales poder disfutar de ellas, a su debido tiempo.


Es tal en ansia por hacerse con lo último que ya no se respetan ni las estaciones.


Las "cosechas" se solapan.


Y el cambio climático, juega a su favor.


La tendencia es pues llegar tarde a la tendencia: para cuando te haces con ella, ya no está de actualidad.

Para cuando se te hace la vista a lo que se lleva, ya lo tienes que jubilar.


Así que no se yo si no será mejor vivir en la ignorancia y dejar que las cosas sigan su curso normal.


Ya lo hacen bien las revistas, que publican sus especiales con meses de retraso pero justo cuando la temporada va a empezar.


Si es que yo ahora me pongo a ver las colecciones de invierno y es que las tengo aborrecidas


Ya no teno ganas de keffiyas, ni oxford's, ni jersey's alpinos, ni trencas militares ni pantalón ancho, ni ná de ná.


Solamente puedo pensar en flores, satines, transparencias, y tonos pastel.


Y lo que me queda, morena.






El señor de los colores


El rojo simboliza sangre, fuego, calor, alegría, acción, fuerza, disputa, desconfianza, destrucción así cómo crueldad y rabia mal encauzada.

Rojo es poder.

Rojo es el color de la pasión. Del desenfreno. Del libertinaje.

Y rojo es el planeta marte.

Rojo es revolución. Y comunismo.

Y en la filosofía china, es el color de la buena suerte y del dinero.

Rojo es el color del Chakra.

Evoca la guerra, es el diablo. Y el mal.

Hay alertas rojas, jemeres rojos y números rojos.

Comemos carne roja, tenemos globulos rojos, y en ocasiones, estamos al rojo vivo.

Rojo es el color del impulso.
El rojo es escarlata, grana, encarnado y purpúreo.
Es bermellón y carmín.
El odio, la venganza, la cólera y la ira encuentran en el rojo, su estado natural.

Es arrebato y es saña.

Pero es también símbolo de energía y vitalidad.

Técnicamente, el rojo es el color correspondiente a la frecuencia más baja de luz discernible por el ojo humano.

Y dicen que terapéuticamente, es el mejor remedio contra la depresión estacional...

Así que a falta de un emblemático rojo Valentino, hoy opto por los labios color carmesí.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Venialismo


Envidia.







Contradictoria sensación en la que parece mentira, nos gusta regodearnos.


Cómo dice Alma Deluxe, "tiene su puntito".




Y más cuando se trata de codicia, porqué proyectamos más fácilmente la rabia desbocada cuando el objeto de deseo es precisamente eso, un ente material.











Siempre fué políticamente incorrecto eso de sentir celos por el prójimo.







A uno le cuesta reconocer ese extraño efecto porqué lo de ser envidioso, es una lacra social.







Es una cualidad moralmente indecente.












Un sentimiento poco cabal y nada noble.












Anque sea un síntoma inequívoco de tremenda humanidad.







En cambio parece más natural lo de desear aquello que uno no posee cuando no se trata de un don sino de un bien.







Será porqué anhelar la belleza, inteligencia, personalidad, o encanto de los que uno carece, es una quimera imposible de alcanzar.











Suspirar por unos Manolo's, un Birkin, o un vestido de Lacroix, parece algo pelín más razonable.




Y resarce una barbaridad.







Resulta menos capital, y más venial.










Casi lógico, normal, aunque en la mayoría de casos, igualmente ilusorio.






De hecho, todo lo que nos ofrece la moda, está hecho para eso, para despertar la fruición colectiva y crear el ansia general.






No queremos poseer aquello que vemos en un escaparate, en una editorial o en esa estupenda chica que me acabo de cruzar, porqué sí, cómo acto reflejo, por mimetizar, ¿o sí?



Nos encaprichamos y nos obcecamos, nos emperramos y sucumbimos a la dinámica del empecinamiento, sufrimos un insalvable impacto visual que procesamos en forma de compra compulsiva y deseo irracional, o eso es lo que nos quieren provocar...y ya estoy yo con mis conspiraciones, pero es verdad.






Nos ofuscamos y pisoteamos el concepto de necesidad.




Y de ahí, ya no se nos puede sacar porqué el proceso químico iniciado, no tiene vuelta atrás.



¿Será una cuestión hormonal?













sábado, 20 de octubre de 2007

El desafío rojo del káiser

A lo grande. Cómo no podía ser menos tratándose del maestro voraz. Del genio insaciable.
Solamente él se las podía ingeniar para convertir en pasarela el único monumento hecho por el hombre que puede verse desde el espacio sideral: la gran muralla china.



Construida en el año III a.c, esta immensa y antigua fortificación fué levantada para proteger al Imperio Chino de los ataques de mongoles y manchuries. Más concretamente para impedir el paso de sus caballerías.
Dos milenios después, su aspecto imponente y su hechura infinita han sido el perfecto baluarte para la invasión de los "bárbaros de la moda".
Y es que en China, ya son adictos al consumo.
En la China urbana de 500 millones de personas, 240, el 19% de la población total de las ciudades, posee actualmente capacidad de compra.
Y el que puede, adquiere de todo y más para diferenciarse del resto.
De los pobres.
De los menos acaudalados.
De los no tan millonarios.
De los que no se cuentan dentro del 3% de volumen de ventas mundiales de ultralujo.
De los que no padecen el síndrome de nuevo rico.
Toda una paradoja tratándose del último bastión marxista del planeta...
Y es que éste, es un país de profundos contrastes.






La casa Italiana cuenta en la República Popular con varias tiendas y un hotel homónimo temático, pero un golpe de efecto cómo éste, es la mejor publicidad.
El despliegue ha sido titánico y casi irreverente.
La broma ha costado alrededor de diez millones de dólares entre montaje y lista de invitados.
Porqué autoridades oficiales del país, ninguna.
Estarían todos en el XVII congreso del PCCh...










No sé si es provocación o insulto eso de montar semejante evento colosal en la tierra prometida del calco.
Aunque depende de cómo se mire.
Porqué cabe preguntarse hasta que punto es ilícito montar una indústria del plagio paralela a la producción en cadena de los todopoderosos, en un mismo sitio, con una misma gente.
En unas mismas condiciones: la vil explotación.
Así que menos hipocresia y falsa moral.
Menos lamentos.
Y sí, a romper moldes y abrirse paso.
A globalizar se ha dicho...
A meterse en el bolsillo al mercado más potente del mundo.
Pero sin triquiñuelas.























La colección, sobria.
De cortes limpios y caída ligera.
Con cuellos mao y escotes barco.
Tul y raso para envolver erguidas siluetas.
Boleros y capas de piel.
A medio camino entre la rígidez comunista y la Indochina más inglesa...

Cinturas muy marcadas, botonaduras y ribetes, pantalones y blazers, colores neutros y todo sandalias.
Rojo, negro, blanco y gris.
Marrón y amarillo.
Sobrefaldas y toreras.
Medidas tobilleras...
Cierto aire colonial.
Y un ejército de minicarteras!















































Afortunadamente sigue habiendo cosas que no se pueden imitar.
Y la costura de altos o prestos vuelos, es una de ellas.


Gracias Karl, por tu genio y figura.