martes, 2 de octubre de 2007

I'm an alien, madames et monsieurs











Se abre el telón, y suena Englishman in New York, de Police (Sting, está en la sala).
Sale Romina Lanaro, y empieza el revival.
No, no es un chiste: es el DESFILE DE DIOR.


















En él, encontramos el orígen de Galliano, pero también su perdición.
Se va perfilando un perfecto muestrario de lo más plausible de la paleta de la maison.































Volvemos a encontrarnos con Marlène, pero de Sport.
Con Madame Butterfly, y starlettes de medio pelo, de cabareteras, de mujeres de dudosa moral y alta estima...pero en fino y sofisticado. Si dosis de ardor.
Sin demasiado descaro ni ponderación, que aquí se presenta lo "listo para llevar" y de eso se trata.
Sin desgarro, con plena moderación.
Todo lo que debía estar, está, eso es así.
Todas las señas de identidad y los "must".
Y en algunos momentos incluso se percibe un cierto desaire e improperio a lo Haute Couture...
Pero la rebeldía se contiene en favor de la perfecta corrección (a lo Dior).
Lo que Galliano nunca pierde es el sentido de la sensualidad, el glamour, el vintage y la suma distinción.
Es todo galanura y coquetería.
Puro glamour irreverente que desafía las leyes de la tradición.








Se apagan las luces.
Se enciende un foco: ¿sale Galliano y se cierra el telón?
No sin antes epatar con su new old look.
Con sus pantorrillas al aire, la camisa abierta, y unas ligas de gentleman en sus "socks".
Terriblemente descarado, cómo siempre.
Pero tierno e inocente, cómo un niño malo que acaba de robarle a su padre el mejor de sus sombreros y sale a la calle medio desnudo, con aires de diva, sin vergüenza, sin sentido del ridículo, y sin perder un ápice de integridad, gritándole en forma de murmullo al mundo "aquí estoy, et voilà!!!".
Cómo un genio encabritado pero crecido que sabe que a pesar de lo que digan de él, de su atuendo, de su pose, es un maestro del dedal.