lunes, 8 de octubre de 2007

Naturaleza muerta
























































































































































El príncipe de las tinieblas,
el efebo que dejó su casa para irse a vivir a un burdel,
el hijo del ingeniero químico y el ama de casa, mitad bruselense, mitad francés,
el autodidacta, esteta de lo gótico que dió desplante a Givenchy y rescató del olvido a la desmantelada Rochas,
vuelve a las luces y las sombras.




Theyskiens, el príncipe victoriano,
el príncipe destronado, eligió la maison Nina Ricci por su delicadeza, feminidad y fragilidad en un momento de introspección emocional.


El ángel que quiso der demonio,
el niño que quiso ser niña, ha plasmado en su nueva etapa a la cabeza de la casa francesa, su lado más romántico y etéreo.


Ésta vez sin embargo nos sorprende con un giro muy urbano y desenfadado que parece aparcar momentaneamente a la mujer, para vestir a la adolescente.
Mucha túnica y vestidos en satén con minichaquetas de ante y cuero, plumas y sutiles foulards, colores metálicos, pitillos, capas y cardigans para un grupo de enigmáticas chicas que vuelven a casa tras una esotérica noche.

Parece que Olivier recupera parte de esa identidad belga que le toca por nacimiento pero de la que nunca hizo especial alarde.
Eso sí, sus vestidos siguen siendo de cuento.
Por la noche, a oscuras, con sus trajes, siempre se hace la luz.