viernes, 19 de octubre de 2007

The scissor sisters















































































Kate y Laura Mulleavy forman Rodarte.













Originarias de los profundos bosques Californianos son naturistas de nacimiento y vocación.













Supongo que de ahí, de criarse entre rojizas sierras, immensas sequoyas y milenarios lagos, les viene ese espírtu tan íntimo.













Ese aire inartificoso y límpido. Tan aparentemente intrascendental.













Su look es de lo más simple y llano que hay.

























Siempre visten jeans desgastados y camisetas sin más.
























No son altas, ni delgadas, ni derrochan glamour por ninguno de sus poros.
























Son más bien de porte campechano y de ingenua mirada.
No estudiaron moda, sino historia y lengua inglesa.
























Unas ninfas grunge a vueltas con la ciudad que trasladan su diafanidad transgresora de Pasadena a la pasarela, revestida de imponente subliminalidad.













Sus diseños están impregnados de ternura. De caricias. De cordialidad.
Son todo mimo.
Pura artesanía popular.
























Sin trampa ni cartón, sin aditivos, al natural.













Pero son etéreos con solera.













Porqué cada pieza está minuciosísimamente pensada y elaborada.













De hecho sus detractores las acusan de ser demasiado preciosistas, de abusar de los materiales caros y de tener un concepto fatasmagórico de la feminidad con tanto tul, tanto brocado y tanta organza, con sobredosis de plata y oro, de incustrado, pedrería y cristal, con tanta carga dramático-emocional.













Otros sin embargo consideran que su teatralidad es de otro mundo y de ahí su genialidad.













No están del todo integradas en el circuito comercial.













Llaman al anticapitalismo estético y claman al paisajismo rural.












A mí la verdad es que me trasnmiten una profunda paz.













La mayoría de sus vestidos son de cuento de hadas.













Cómo el que llevaba Keira en una de sus últimas premières y que a pesar de que la hacía parecer demasiado delgada le aportaba un halo de fantasía y un golpe de magia que no dan otras creaciones más terrenales y afines al mundo real.













Su sentido de la estética es delicado y está integrado en su ecosistema particular.













Ellas habitan en su propio cosmos.













En un universo de quietud medioambiental.













Se nota mucho y bastante que no son niñas de ciudad.

Tal y cómo ya les aconsejó, léase advirtió, Ana Wintour, espero que no pierdan nunca su estilo personal.