sábado, 6 de octubre de 2007

Historias para no dormir

Ayer no salí a cenar con mi novio.
Ni me reuní con mis amigos para tomar una copa.
No había fiesta alguna a la que asistir.
Ni discoteca que quemar.
Ayer, cómo tantos Viernes, me quedé en casa y me monté mi particular "friday night".
El ritual consiste en bajar al videoclub cinco minutos antes de que cierre y poner a prueba mis habilidades y mis reflejos alargando la mano cúal inspector gadget para ser la primera en coger esa última película decente de estreno que queda.
En éste país la gente no es previsora, no es práctica, es de hacerlo todo a última hora.
Por eso cuando bajas al super a menos cinco, siempre hay cola.
Y las luces están apagadas a modo de intimidación por esas cajeras malhumoradas que quieren irse a casa sin tener que apurar hasta el último minuto de su tiempo de trabajo.
Si puedo irme a menos diez "pa qué" me voy a esperar.
Bien, en el vídeo es diferente, el chico nuevo que han puesto es un encanto, uno de esos freakys cinematográficos que disfruta dándote consejos y recomendaciones guiado únicamente por tu aspecto exterior.
Yo siempre le dejo que me instruya a su manera, pero nunca acierta.
No sé que tipo de vibración películera le debo dar, porque siempre me señala el estante equivocado.
No se si será muy fisionomista lo que si sé es que tiene muy poca intuición.
Así que al final, acabo decidiendo yo.
También hay que decir que voy con la lección aprendida, y sé perfectamente cúal pueda ser mi elección.
Eso sí, yo las películas, las cojo de dos en dos.
Aunque sepa que no las voy a ver.
Aunque soy plenamente consciente de que al final de la primera ya me habré quedado dormida un par de veces.
Pero no sé, siempre elijo dos.
Y que se complementen, nada de al azar y porqué sí, tienen que casar, que pegar, que encajar. Se tienen que acoplar y complementar.
O del mismo género, si estoy a buenas, o totalmente antagónicas, para compensar.
Ayer, eran distintas aunque emocionalmente iguales.
Pertenecían a la categoría de "bajón".
Y sí, en la última me dormí.
Así que antes de las nueve, menos cinco, la tendré que ver para despejar dudas, para amortizar los euros, y para dejarle claro al del vídeo de qué índole fílmica soy.