jueves, 29 de noviembre de 2007

¿Quién engañó a Roger Rabbit?




No sé si estoy muy conforme con la elección de Stella McCartney como mejor diseñadora del año, lo de Christopher Kane me lo esperaba aunque hubiera preferido al grotescamente estrafalario Gareth Pugh, y es que el cubista británico ya se tiene el cielo más que ganado.



Pero la segunda derrota consecutiva de Luella Bartley, Luella a secas para el potencial consumidor, tras perder el año pasado frente al seudo Mcqueeniano "solo" Giles, no sé, me contraria y defrauda, sobre todo porque no soy fan acérrima de la hija del "help me".















Ha ganado la pin up de PETA frente el rock'n' roll.



La botánica de country garden frente al love-to-love.



Ha muerto el print liberty versus la flor, Minnie Mouse en versión punk por unos justitos setenta eco-urban en chiffon.

Luella es de cocktail mañanero y Stella más de té de salón...















Aunque vale, acepto que por su desdoblamiento con la significativamente nímia colección de adidas, sí, lo mereció...




Por eso y porqué está hecha toda una madre coraje con dos niños, otro en camino, un marido, varios perros, un padre extenuado, una madrastra de cuento (ahí sí la compadezco) y la dichosa y digerible asimilación de que por primera vez éste año ha obtenido ganancias gracias a una poderosa y externa inyección...









La red carpet, otra pequeña gran decepción.

Escasa y cuasi extinguida.

Con mucho foco y nulo derecho de admisión...






Erin O'Connor, una de mis favoritas en el pasado por su peculiar fuerza y su recio rostro, perfiló su lánguida silueta con un sencillo vestido de Marchesa.






















Agyness, flamante vencedora como modelo del año destacó con su espectacular vestido desestructurado de Deacon.

Y llamó a su madre llorosa cuál adolescente agradecida y embriagada en cuánto recibió el galardón... un reconocimiento absolutamente merecido y carente de discusión por mucho que Vivienne, mi querida y admirada Vivienne, se propusiera votar a Kate Moss.




























































Dita estuvo muy comedida y discreta se decantó también por Marchesa, que por algo se hizo con el premio a mejor diseñador de la alfombra roja.



























Lilly Allen, extra-rosa, again, de Giles Deacon.






































Por lo demás, y visto lo poco visto, no me queda más que cantarle el "God save the Queen" a Vivienne Westwood, la madame por excelencia , la señora del punk,
la pelirroja burlesca, la diva divina del "tartán on the rocks",
la real engendradora, la madre amantísima de una moda sin prejucios ni convención.


























































































































lunes, 26 de noviembre de 2007

Del organillo y la cabra












Juan Carlos no es un genio loco.









Es un hijo de Gibraltar de profesión gitano y de sentir español.









Se crió en Inglaterra en el cumplir de una meta familiar y poco podían predecir sus humildes y emigrados padres que su decisión iba a alumbrar al maestro que tenemos hoy.











Galliano bebe de muletillas y luces.










De oro y de grana.













De feria, de fino, de sol, de Triana, de tablas. De farolillos, guitarra, cajón, rosas, jazmín, peineta, montera, banderillas y espada. De pasos, espinas, y tapas.












De cornetas y tambores.














De señora con mantilla, Giralda y Alhambra.













De la Carmen de Mérimée o la Duquesa de Alba.













Su temperamento es torero.

















La pasarela es su plaza.














Su gesto es medido aunque burlesco, su mirada, desafiante pero honrada.
















Su obra es desgarro puro.

















Y su talento desangra.








No es el primero ni el último al que lo cañí le llama, le inspira, le cautiva, le ilumina, le seduce, le embriaga.
Tantos otros celebérrimos internacionalmente consagrados se dejaron y se dejan deslumbrar por "nuestra" cultura más popularmente "rancia".
Saint-Laurent nos dió la chaquetilla negra de lana bordada con espinas de trigo doradas, los smokings con blusas toreras, el sombrero cordobés, las faldas con fajines y la camisa anudada. Y Pilati, a veces, le rememora y reedita en versión actualizada.
Lacroix, mas papista que el papa, es y fué otro enamorado de la tauromaquia, de su ímpetu, de su parte histriónica, de su magia picaresca y de su vis trágica.
De ella se lleva empapando toda la vida, asimilando su sentimiento y expresando su gracia.
Y hablo de los toros como espéctaculo, desnaturalizado e inhumano, sí, pero fuente de vida, símbolo, letra escarlata, para el arte, la estética, y la historia de ese país llamado España.















Yo no soy de emblemas ni de patrias.
Pero tampoco soy de renunciar a la tradición más castiza, a la costumbre más casta.
A esa a la que dentro se la tiene por casposa, ridícula, prototípicamente generalizada, cutre y ajada pero fuera triunfa y se ensalza por aquello de que resulta "exótica", desconocida y extravagantemente llamativa por diferente y "rara".


































Pero no hablamos ya de folclore localista sino de una realidad arraigada.

















































Hablamos de Goya, de Velázquez, de Julio Romero de Torres o de Zuloaga.




























Hablamos ya no solamente de una corriente artística, de un movimiento, de una escuela, de una moda inventada, sino de un sentimiento, de una forma de vida, de una razón de ser, de un pasado y de un mañana que, guste o no, existe, y sí, se exagera, sobreactua y recarga, pero en esencia, es real y nos rodea aunque a algunos "acorrala".































¿Así que esto es España?
Pues obviamente no solamente se nutre de volantes, castañuelas, corridas, flamenco, buen vino y marcha.
España son tantísimas otras cosas, realidades, condiciones y circunstancias.
Pero los clichés "mandan".
Y no tenemos porqúe despreciarlos o maldecirlos aunque no nos reflejen para nada.























































































































































































































































Sentir orgullo patrio es una cuestión totalmente personal y para mí, secundaria.
Cada uno que se sienta identificado con lo que le dé gana.
Pero yo, como muchos, me rindo ante los trajes de luces y las batas de cola cómo obras arte, birguerias, piezas magnas, ante Almodóvar, sus tacones, obsesiones, angustias y su Mancha, ante Penélope y su banal pero hechicera "facha", Cayetano y su racial hechura, Bardem y su maldita "irritancia"... porqué son la expresión misma de un talante muy nuestro, rezumante de pasión, efusión, alegría, fuerza, y maña.

























viernes, 23 de noviembre de 2007

SúperMario







Poderoso y talentoso Mario.








Colorista en blanco y negro.




Atrevido e inconformista.




Pionero, intimista y despojador.




Distinguido insurrecto.




Cultivado rebelde.




Latino de nacimiento, británico de adopción, no es profeta en su tierra sino según sus propias palabras "un simple peruano en europa", y en acción.




Un ciudadano del mundo.




Un "real" captador.







































Dentro de la muestra, Diana, princesa de Gales que se exhibe en la National Portrait Gallery de Londres, encontramos las mejores instantáneas realizadas por éste misionero de la fotografía a una lady Diana radiante, cercana, sosegadamente bella, inusualmente feliz, y merecidamente llena de vida.



Esa mujer por la que Testino rompió con el oficio de frío y distante retratador de maniquíes y pasó a absorber actitudes, estados de ánimo, ademanes, conductas, gestos y emociones con parada y fonda en el objetivo de su cámara.





Ella fué su musa inspiradora, en ella vió aquello que nunca se atrevió a mostrar, encontró a una princesa destronada, desalmada, e insatisfecha y la convertió en dama risueña y jovial. En férrea madre coraje. Y casi en femme fatale.










La moda fué su escuela.


Vogue y Vanity Fair, su universidad.


Carine Roitfeld su hada madrina. Madonna su pasaporte a la fama.



Y la Wintour, su cortejadora en la sombra.




Nació en Lima en 1954 en el seno de una familia multicultural.


Por sus venas corre sangre española, italiana e irlandesa, y es de ésta última nación anglosajona de la que ha heredado su firme pose de gentleman.


Porqué es un señor bienparecido, de aire discreto y reservado, elegante sin exceso, serio y más bien formal aunque muy "bonachón".


Un hombre que estudió derecho y relaciones internacionales pero que decidió probar suerte con la fotografía, un hobby hecho pasión por el que lo dejó todo, empezó de cero tardíamente, y triunfó.















Testino dió al traste con la tendencia grunge y se rebeló contra el etablishment del momento reinventando el glamour.







Desmitificó a los mitos, dió vida a diosas aún en vida y contribuyó altamente (de la mano de Carine) a que Tom Ford hiciera de Gucci su feudo en posesión.







Testino no plasma una imagen, Testino homologa un humor.





Humaniza un momento.






Eterniza una sensación.







Testino fué el primero en interaccionar con las modelos, en conocerlas, en entenderlas, en intuirlas, para saber y poder trabajar mejor.


















Por eso se hizo fotógrafo de las estrellas.







Para naturalizarlas.





Aprendió a admirarlas para arrancarles la máscara y el disfraz.








Para mimarlas y concebirlas desde las entrañas.









Para mostrarle al mundo su semblante original.






Así consiguió desnudar a Jennifer Aniston, la novia de América.















Envileció a Gwyneth Paltrow.
















Y nos mostró el trasero de la top entre las tops.



















































































































Su último libro, Let me in, recopila sus mejores momentos con las estrellas, esas estrellas amigas, amadas, odiadas, codiciadas, tiranizadas, liberadas, escondidas, en su estado más desconocido, menos aborrecido y artificioso, inverosímil, privado, íntimo y personal...
Pasen y vean, show must go on.