jueves, 31 de enero de 2008

Giovanna tu eres entre todas las mujeres


Calificarla de it girl me parece una osadía que roza la descalificación, aunque no sabría muy bien como definir su rol, si es que realmente lo tiene más allá de sus recurrentes pinitos ante el objetivo de Scott Schuman y algún que otro backstage shooting en Style.com. Se sabe poco de ella, y eso nos dice ya mucho sin decirnos apenas nada: no puede ser una fashion icon si existe déficit de información. En una vida anterior fué maniquí de Dolce & Gabbana, por amiguismo, digo yo, que entre italianos siempre barren para casa (es una cuestión de honor); y es que, aparte de un par de trabajitos para el dúo encorsetador, en 2004 (se me hace muy reciente), su vida sobre la pasarela es una verdadera incógnita.














Actualmente es editora de Vogue Uomo (o lo era, tengo dudas, no sé si abandonó el barco junto a Dello Russo, veis lo que os decía, lack of information) y fashion stylist on her own, y me da que al puesto ha llegado por méritos propios, porqué al verla, aunque me desconcierten sus malas caras y su bronceado de día si y día no, y peor aún, en ocasiones me recuerde a Irina Lazareanu, solo puedo exclamar: bravo!












































































































































Celebro todos y cada uno de sus estilismos, sin excepción, sin concesiones, sin objeción, y es que, es maravillosa en todas sus versiones; en invierno, en verano, con falda, con pantalón...tiene una extraordinaria capacidad para mezclar sin confundir y para repetir y reubicar sin que se note (a todo esto, suponiendo que ella misma se lo guise, porqué si una estilista tiene estilista es como "la parte contratante de la segunda parte": una broma), by the way, es una espléndida referencia venida de un discreto segundo plano a medio camino entre una cara más entre la manada desbocada de anónimos del streetsytle y una ego celebrity en ciernes. Por todo ello, que es más que suficiente, grazie mille Giovanna!







































Esta es su hermana Sara (ya, y que mas da, pero la he encontrado y la pongo porqué las comparaciones son odiosas)




























































Esta es ella like a model (tiene un cuerpazo, pero sigue sin cuadrarme la edad).





























































































































































































Y así es como se gana el sueldo (bueno, bien, he detectado una cierta tendencia al trabajo en equipo).


























Colegiala de mi amor

Yo de mayor también quiero llevar uniforme, para pasearme de esta guisa por Manhattan (o por Chueca) sin ningún tipo de reparo, con la excusa de la tierna y susceptible pubertad, porqué las adolescentes pueden permítirselo todo y ya lo decía bien Rubén Darío,
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...y a veces lloro sin querer.







































Y si viviera en un borough, este sería sin duda mi atuendo.



























miércoles, 30 de enero de 2008

El ritual de los miércoles (antes jueves)

Es un acto reflejo, como hacerme el café con las "legañas" (es un decir...una señorita no tiene de eso) impidiendo la nitidez mañanera, como mis perlitas de onagra con medio litro de agua, como la brusquedad robótica y la mirada heladora de Vicente Vallés que me sube y me baja y me vuelve a subir y como encender el ordenador antes de saber que dia es y quién soy hoy (¿pero qué invento es esto?): el Hola!. Los miércoles.

Primero lo palpo (y lo huelo), porqué el grosor señores, lo es todo, y me cabrea cuando su densidad no logra excitarme al primer tiento, incluso más que cuando la contraportada la siguen copando Inés Sastre y su inexpresiva frigidez sensorial. Nunca la ojeo, eso jamás, rompería el prodigio de su rouco vareliana compacidad, y no empiezo tampoco a leerla al revés, la abro religiosamente tras "esnifar" su portada y ale, a disfrutar del más rancio abolengo, de reyes y de reinas, de princesas de cuento, de "hijas e hijos de", todos ellos en su estado natural: en el país de lo políticamente correcto. Ai, ai, ai, ai, ai es un como un baño relajante sin champán ni visitante fugaz o supuesto, como un té de las cinco con macarons de Ladurée pero sin pitillo, ni arrepentimiento.

















Esta semana la cosa no prometía demasiado tras descubrir un primer plano de Alberto de Mónaco y su tapadera Australiana en actitud sospechosamente cariñosa, prácticamente al borde de la confirmación, y la cosa es que no sé en qué momento se ha vuelto creíble esta relación... siempre tuve la esperanza de que algún empleado del sector terciario intercediera o a malas que se pronunciara la Obregón y emparentáramos con la dinastía monegasca en línea directa. Pero el asombro semanal llega de la mano de Victoria de Suecia, la pobre, que ahora va y dice que padece dislexia (el que me gusta a mí es su hermano, que lo tienen escondido y es una monada de niño) . Si es que las coronas no traen mas que desgracias y sino que se lo digan a "nuestra" consorte, que llena el cupo semanal de revista con la misma supina pereza, no hay manera de sacar de ella la mínima noticia suculenta (y me refiero simplemente a celebrar al menos su estilismo), aunque su condición enfermiza no es culpa de la rigidez a la que la tiene sometida su estatus, entiendo lo abominable que es estar todo el día en residencias de ancianos o centros de discapacitados (con todos mis respetos) haciendo de hada madrina del pueblo y encima en versión moderna, pero ese rigor horribilis suyo lo traía ya de La primera.

























Por lo demás, como digo, la cosa viene escasamente suculenta, apenas un reportaje de Chábeli en Marruecos con un look familiar como si estuviera de compras por Cuenca, una partidita al quién es quién en las páginas centrales de sociedad, y un repaso a la HC parisina con el último adiós al gran maestro; imperdible el atraganto de hastiantes musas y celebdorras nobles (no puedo con la señora Cuevas) encabezado por la inconmensurable e inimitable Nati Abascal más retoños (a los que sigo confundiendo), absolutamente espectacular (y supongo yo que también "puesta"). Y fe de erratas: me entrecortan al pobre Elbaz en el front row de Valentino pensando que es un marieliendre cualquiera.








lunes, 28 de enero de 2008

Tolerancia cero




" Nuestro trabajo consiste en capturar el signo de los tiempos y transformarlo en objetos que hagan la vida más agradable" declaraba Sydney Toledano el viernes pasado ante un zumo de naranja de once euros en el hotel Plaza de París. Una visión enternecedoramente idílica y un discurso bonito retórico el del director general de la casa Dior , aunque no se me ocurre ningún argumento de peso para no darle la razón , cualquiera de las maravillosas creaciones de Galliano le alegrarían la vida al más pesimista, incluso a aquel que ignora la moda, aquel que la desprecia, la niega y la repudia, aquel que se cree inmunizado contra esta todopoderosa industria. Y no voy a entrar a hacer ningún debate moral sobre lo que es más o menos digno o legítimo, no pretendo elevar a los altares ni pormenorizar, ese es otro capítulo, solo digo que yo con la moda como con la Iglesia, no creo en la institucionalización, en el adoctrinamiento ni en los papismos, soy más bien de credo y comunión individual, personal e intransferible.






La moda es una cuestión puramente subjetiva, es una de las múltiples transcripciones de la sensibilidad estética, hay a quién le gusta la pintura, la escultura, la arquitectura, y hay a quién además le gusta el arte de la vestimenta; porqué sin entrar en discursos sin demasiado fundamento que arruinan su propio objetivo, está claro, nos vestimos todos, es un hecho, una necesidad, unos más y otros menos, pero la cosa no es exactamente esa; no importa si el azul cerúleo está hecho a medida por unos individuos que se dedican a ello, también hay sujetos que se dedican a colocar los alimentos en los hipermercados de manera que consumamos de una determinada manera y periódicos que sacan en primera plana atentados masivos y población civil muerta, pero esa es la parte de negocio de la que estamos exentos, al menos, de manera directa y no debemos congratularnos por su dedicación y esfuerzo, por acicarlarnos, por alimentarnos, por informarnos, que no lo hacen por nosotros, lo hacen por las ventas. Así que ciñámonos a las sensaciones, que esas si son cien por cien nuestras, que en un mundo tan atroz como este no creo que haya que pedir disculpas ni rendir cuentas a nadie por sentirnos atraídos por un universo de irrealidades perfectas.




sábado, 26 de enero de 2008

Como un cencerro o del complejo de Janice Doreen Dickinson




Dice de ella misma que fue la primera supermodelo de todos los tiempos, y no solamente eso sino que el mérito de acuñar el sobadísimo y obsoleto término, también es suyo; según su versión de los hechos, en una conversación con su manager allá por la edad de piedra, cuando todavía era un ser humano naturalmente bello, este le dijo que debía frenar un poco en su carrera profesional porque no era superman , a lo que ella, ingeniosamente lúcida como creyó ser, le contestó, "no soy superman pero sí soy una supermodelo". Amén señor.
















Razones para autotriubuirse viejos triunfos y denominaciones de orígen no le faltan, fue una pionera en los setenta y rompió moldes en una época en la que triunfaban las muchachas frágiles y dulces, y sobre todo rubias (como la Hutton), logró imponer su explícito salvajismo y sus rasgos marcados y exóticos nada más lejos del american way of life. Fué la primera chica mala de la industria, la primera en go to rehab, y con el tiempo se ha convertido en una perraca de cuidado, no sabemos si por méritos propios o fruto de sus atracones de drogas y sus sobredosis de mala cirugía.














Ya en sus tiempos mozos montaba escenas memorables y es bien famosa, que no se si cierta, la anécdota que dice que tras un festival de pastillas y champán, o lo que era su particular complejo vitamínico antes de salir a escena, le gritó a Armani desde la pasarela "VER-SA-CE" (espectacular!!). No creo que el signore Giorgio se haya sentido más ofendido en su vida. En su currículum amoroso se cuentan nombres como Warren Beatty (por supuesto), Sylvester Stallone, Jack Nicholson, Liam Neeson (¿cómo?), Sir Mick Jagger (of course), Dolph Lundgren (daño colateral del segundo), Grace Jones ("Nipple to the bottle"), Bruce Willis (no sé si pre o post Demi) y Kelly Lebrock (me perdí), aunque como un Julito Iglesias cualquiera ella afirma haberse llevado a la cama a más de mil.



















Su edad es orientativa, que nunca exacta, se dice, se comenta, se rumorea que nació allá por 1955, la misma sombra de duda planea sobre el número de operaciones que le han perpetrado a mala fe en cara y cuerpo: desconocidas.
































Tras cohabitar durante una temporada con celebridades venidas a menos en una mansión de las Vegas, en lo que sería una versión mejorada de Hotel Glamour de nombre Surreal Life, pasó a ser jurado de America's Next Top Model hasta que la echaron por grosera (era la alegría de la huerta, doy fe, la sustituyó Twiggy y nunca más fué lo mismo). Hoy en día tiene su propio show , el Janice Dickinson Modeling Agency , que es un poco de todo lo anterior pero en más y mejor, en más diábolica, más tonta, más chalada, más salida. Es mala malísima, de las que ya no quedan, y merece la pena perder un rato con su absurda perfidia (yo es que lo pierdo con cualquier tontería).