miércoles, 3 de octubre de 2007

Comedia dell'arte





























































En una atmósfera de circo estéril.

De feria en blanco y negro.

De teatro surreal, los contadores de historias y entusiastas del arte, Viktor Horsting y Rolf Snoeren, nos narran la particular fábula de un Arlequín muy musical.
Con un enorme fotograma de Shalom Harlow cómo telón de fondo y con su enorme boca cuál tunel del terror del que salen las maniquíes, empieza el espectáculo.
Poco color, básicamente blanco, rosa palo y algo de negro, y tímida feminidad son los primeros acordes que nos vienen a la cabeza.
Pero la melodía se depura a medida que la vas escuchando: el motete se vuelve bolero cuando salen a escena los volantes, chantillíes y pompones.
Cuando aparecen los satinados y "superposés".
Al final, el Arlequín se vuelve muñeca y se convierte en una especie de Alicia en el país de las maravillas de cuatro cuerdas.
Y el conejo, ¿dónde está?