sábado, 20 de octubre de 2007

El desafío rojo del káiser

A lo grande. Cómo no podía ser menos tratándose del maestro voraz. Del genio insaciable.
Solamente él se las podía ingeniar para convertir en pasarela el único monumento hecho por el hombre que puede verse desde el espacio sideral: la gran muralla china.



Construida en el año III a.c, esta immensa y antigua fortificación fué levantada para proteger al Imperio Chino de los ataques de mongoles y manchuries. Más concretamente para impedir el paso de sus caballerías.
Dos milenios después, su aspecto imponente y su hechura infinita han sido el perfecto baluarte para la invasión de los "bárbaros de la moda".
Y es que en China, ya son adictos al consumo.
En la China urbana de 500 millones de personas, 240, el 19% de la población total de las ciudades, posee actualmente capacidad de compra.
Y el que puede, adquiere de todo y más para diferenciarse del resto.
De los pobres.
De los menos acaudalados.
De los no tan millonarios.
De los que no se cuentan dentro del 3% de volumen de ventas mundiales de ultralujo.
De los que no padecen el síndrome de nuevo rico.
Toda una paradoja tratándose del último bastión marxista del planeta...
Y es que éste, es un país de profundos contrastes.






La casa Italiana cuenta en la República Popular con varias tiendas y un hotel homónimo temático, pero un golpe de efecto cómo éste, es la mejor publicidad.
El despliegue ha sido titánico y casi irreverente.
La broma ha costado alrededor de diez millones de dólares entre montaje y lista de invitados.
Porqué autoridades oficiales del país, ninguna.
Estarían todos en el XVII congreso del PCCh...










No sé si es provocación o insulto eso de montar semejante evento colosal en la tierra prometida del calco.
Aunque depende de cómo se mire.
Porqué cabe preguntarse hasta que punto es ilícito montar una indústria del plagio paralela a la producción en cadena de los todopoderosos, en un mismo sitio, con una misma gente.
En unas mismas condiciones: la vil explotación.
Así que menos hipocresia y falsa moral.
Menos lamentos.
Y sí, a romper moldes y abrirse paso.
A globalizar se ha dicho...
A meterse en el bolsillo al mercado más potente del mundo.
Pero sin triquiñuelas.























La colección, sobria.
De cortes limpios y caída ligera.
Con cuellos mao y escotes barco.
Tul y raso para envolver erguidas siluetas.
Boleros y capas de piel.
A medio camino entre la rígidez comunista y la Indochina más inglesa...

Cinturas muy marcadas, botonaduras y ribetes, pantalones y blazers, colores neutros y todo sandalias.
Rojo, negro, blanco y gris.
Marrón y amarillo.
Sobrefaldas y toreras.
Medidas tobilleras...
Cierto aire colonial.
Y un ejército de minicarteras!















































Afortunadamente sigue habiendo cosas que no se pueden imitar.
Y la costura de altos o prestos vuelos, es una de ellas.


Gracias Karl, por tu genio y figura.