martes, 16 de octubre de 2007

El pañuelo: la nueva bufanda



























































Hoy estoy poco habladora y menos escribana.
Hoy llevo un pañuelo puesto, porqué me duele la garganta.
Aunque tras pasar por la suite, ya me encuentro mejor.
Y ya estoy lista para rendirle homenaje lingüístico a la prenda estrella de la temporada.
Tras un tiempo relegado al olvido del atuendo y condenado al oscurantismo estilístico, el pañuelo, pañoleta o cómo lo queramos llamar, vuelve a la calle con fuerza.
Yo misma estoy a él abonada.
Y aunque, cuando lleguen tiempos peores, no me arriesgo a desterrar la cálida lana, de momento tiro de mi trocito de tela enroscada.
Mi talismán (entre millones de ellos que acumulo en el armario, hurtados discretamente a mi madre, añada a añada) es un especímen lituano que me regalaron hace bastantes años y al que nunca creí sacarle tantísimo partido, amén de las modas pasajeras, y del boom de las pashminas e infinitas bufandas.
Así que hasta que no me pele de frío y me coja una galipandria de las serias, yo y mi pañuelo, juntos, caiga quién caiga.