lunes, 3 de septiembre de 2007

New York state of mind







Para bien o para mal.
Está claro que New York imprime carácter.
Inspira libertad.
Un simple paseo por sus calles te da la dimensión de su cabida y diversidad.
Es imposible no soltarse, no ceder y dar rienda suelta a la versatilidad.
En versión canalla en plan meatpacking district o más recatada y glamourosa, digna del upper east side.
Nueva York te remueve por dentro.
Te transforma sin permiso. Sin llamar.
Imposible mostrarse impasible y no dejarse llevar.
No sucumbir a ser desenfadada y atreverte a llevar aquello que antes no osaste ni siquiera barajar.
En Nueva York la tendencia nace y crece en la calle.
De observar, asimilar, adaptar y aplicar.
Es una especia de boca a boca silencioso.
Se alimenta de detalles espontáneos. De actitudes. Y atrevimientos de más.
El jersey que le vi a la ejecutiva del metro de la 5º con la 51, con las botas de segunda mano de la tienda sel Soho, los pantalones que llevaba la chica que desayunaba en Dean & Deluca y el bolsito de urbanoutfiiters de Brodway Street.
Quizás de ello resulta una miscelánea absurda, pero y ¿por qué no lo voy a llevar?
Yo tomo como referencia a mi santa madre.
Que no se compra una pieza suelta si no ha estudiado previamente con qué exactamente la va a combinar.
Vamos que aquí somos pelín más monolíticos aunque empezamos a despegar.
Se ven grandes cosas ahí fuera, y menos mal.
Porque hasta hace dos días eso de ir con falda y botas en verano, se veía todavía con recelo y perplejidad.