lunes, 23 de julio de 2007

la tirana filántropa




“Si observas cualquier buena fotografía de moda fuera de contexto, te dirá tanto sobre lo que ocurre en el mundo como un titular de The New York Times”, declaraba " nuclear Wintour" en una de sus escasas entrevistas, concedida a un periódico español en Octubre pasado.

Respondía así a los rumores del posible giro político en la línea editorial de su revista.

Pero ella no se moja más allá de lo que toca.

Se muestra profundamente ofuscada frente a aquellos que tratan de trivializar la moda. De relativizarla. De meterla en el cajón de lo superficial y secundario. De lo minoritario.

“A los políticos la moda les suele poner tremendamente nerviosos, porque les parece frívola. No quieren parecer demasiado elitistas, atolondrados o lo que sea. Y, francamente, me irrita muchísimo, porque es un sector enorme en cualquier país, y tengo la sensación de que los políticos deberían aceptarlo, en lugar de apartarse de él...", decía en referencia al mismo tema en otra entrevista.

Ella no se dedica a la moda. Ella, es la moda.

La mano de Wintour en Vogue se notó desde el principio, no solo por la disciplina y el marcado carácter que imprimió entre bambalinas sino por su sello personal en portadas, reportajes y entrevistas.

Desde su desembarco en la edición norteamericana, allá por 1988, tras su paso por la edición británica en el 86, así como por house & garden (a la que se empezó a denominar house & gartment a causa de la reincidente adicción de la Wintour a incluir trajes de alta costura en reportajes gráficos sobre gardenias, petunias, lilas o mimosas), harper's bazaar, viva y algunas otras revistas de menor relieve, la dama de hierro se lanza a la conquista de las americas.

Y al otro lado del charco hay que se más comercial. Hay que vender.

Ana busca su máxima y la encuentra.

Destrona a las modelos más cotizadas en favor de las actrices y ensalza a fotógrafos y estilistas al mismo nivel que éstas , sus musas.


A pesar de su actual y probado espíritu poco democratizador en el mundo de la moda, fué de las primeras en apostar por la mezcla de piezas de alta gama y precios inalcanzables con prendas de calle y masivas.

Da en el clavo porque vogue usa se coloca en el número uno y con ello, Anita, se convierte en el nuevo icono fashion del siglo XXI.

Es buena en lo que hace. Eso es innegable.

Aunque se la tilde de elitista, ambiciosa, déspota, e inhumanamente perfeccionista. Aunque se hable de ella como de una dirigente bárbara, despiadada y cruel.

No es fútil ni insubstancial.

Anna tiene su propia ética.

No se contiene al mostrarle al mundo que reside en las páginas de la revista que dirige.

Y nos invita con más genio que figura a ser partícipes de su modus vivendi.

A sus 57 años, la hija del magnate y la filántropa, tiene La voz y El voto en el panorama estilístico, del que ha hecho su pequeño gran monopolio.