miércoles, 18 de julio de 2007

Aquellos maravillosos años




(photos: imdb. com)


Cada vez que me asomo a la terraza lo primero que hago inconscientemente es observar a los vecinos.



Es un escaparate abierto frente a mí, no lo hago adrede, es que la vista se me va. Sigue su propio camino. Hace un estudiado recorrido por cada uno de los pisos de enfrente. Lo de vivir en un ático, te da ventaja, por supuesto.



Puede que sea un deje que me haya quedado de la obsesión de mi madre por "La ventana indiscreta", una especie de trauma infantil, pero en positivo.



Desde la reposada madurez confirmo mi pasión por el director.



Es indicutible la genialidad de Hitchcook con sus tramas y sus encuadres y geniales movimientos de cámara.



Un visionario y un adelantado a su época.



Precursor del cine negro americano con glamour, aunque sus orígenes lo sitúan a éste, nuestro lado del charco.



Se dejó cautivar por el aura hollywoodiense nada más poner los pies en América y de ahí su mitificación de las rubias, la entronización de las oxigenadas y menudas actrices que empezaban a despuntar en la meca del cine.



Eva Marie Saint, Tippi Hedren y cómo no, la Kelly.



Preciosa y angelical Grace.



Ayer, viendo por millonésima vez "Rear Window", volví a disfrutar de su gracilidad. Su delicadeza. Su liviandad.



Ella era una musa. Una diosa.



Si es que esos tafetanes, canesúes y tocados imposibles no le podían quedar bien más que a ella.



Tenía porte de maniquí.



Y costaba trabajo imagenársela en un renuncio.