lunes, 27 de agosto de 2007

Señas de identidad. ¿Símbología extrapolable?


¿Infusión o usurpación?
¿Homenaje o blasfemia?
¿Alabanza o banalización?
¿Entendimiento o desvirtuación?
Cada vez más, los diseñadores toman prestados elementos religiosos, étnicos, culturales y/o políticos para incorporarlos al engranaje de la moda.
Desde siempre los viajes por África, Asia u Oceanía fueron fuente de inspiración para el mundo del artisteo, contraviniendo el espíritu colonizador por excelencia, despojándose del estatus de colonos en ciernes, pintores, escritores, escultores y más tarde, modistos, se nutrieron ya antaño de todo aquello que sus "cruzadas" les iban descubriendo.
Sin animus "sustrayendi".
Con animus "enriqueciendi".
Técnicas, procesos, materias primas, olores, colores, sabores...que se han ido incorporando, agregando y añadiendo paulatinamente al outfit nuestro de cada día.
Una especie de globalozación incipiente.
Pero a lo que voy es a la utilización de piezas de tipo religioso, cómo los rosarios, cruces, o pulseritas de vírgenes, étnicos como los pañuelos eslavos, las alhajas tibetanas, los saris indios,las blusas mejicanas, los ponchos peruanos, etc... o políticos, como la inspiración rusa bolchevique, lo comunista, lo militar o la de absoluta actualidad, kuffiya.
Hace años me presenté en casa de una amiga con un precioso rosario integrado sutilmente en mi vestimenta, y su madre, nada más verme, frunció el ceño y me increpó con cariño.
Se sintió profundamente ofendida.
Desde entonces me llama "la roja" y analiza con recelo cualquier estigma místico en mi atavío.
La verded es que me sentí un poco hereje, ingrata e impía.
Entiendo el enfado y la indignación aunque no fué para nada un acto de rebeldía sino una cuestión puramente estética.
Supongo que puede parecer una actitud bastante snob y frívola.
No niego que me pueda parecer un insulto. Una osadía.
Sobre todo en el caso del pañuelo palestino que tan profunda y controvertida carga política denota.
No hablamos aquí ya de un simple objeto de artesanía.
Es una postura un tanto profanadora.
Sobre todo en aquellos que no saben lo que llevan encima.
Pero hay que tomárselo cómo una práctica exclusivamente ornamental.
Sin más peso que el de la propia función decorativa.
Siempre será mucho mejor que jugar a la violencia al abrigo de lo que a otros les destroza la vida.
Que la necia pose rebelde del que utiliza como estandarte lo que no sabe que significa.
Amén de la lucha por la tierra palestina.