jueves, 2 de agosto de 2007

Perestroika

El espiritu democratizador de Gorbachov se estrena en el mundo de la moda.

Quién le iba a decir al que fuera primer y último presidente de la unión soviética que 25 años después de la puesta en marcha de la reforma que cambió el rumbo de la URSS, iba a ejercer de maniquí.

Sabemos que lo no lo ha hecho gratis y que costó convencerle peró finalmente aceptó y destinará el dinero recibido a la fundación que él mismo dirige.

Suponemos que su nieta Xenia le habrá propiciado sabios consejos...es lo que tiene que se invierta la pirámide generacional y que los roles sean cada vez menos personales e intransferibles.

La publicidad se ha vuelto un campo interdisciplinario y heterogéneo en el que lo de menos, es lo que se vende.

Los anuncios son pequeñas joyas cinematográficas que nos cuentan historias a través de imágenes, en apariencia inócuas, pero cargadas de mensaje subliminal.
El objetivo último, está claro, es que compremos.
Aunque se agradece que la mona se vista de seda...

Y en este caso el que se viste de seda es un revolucionario.
Artífice del resurgimiento político, social y económico, al menos momentáneo, de la URSS, Gorbachov propició el fin de la división del planeta en dos bloques.
Desde el sosiego, Míjael encarna a la perfección el papel de animal mediático a medio camino entre empresario de rancio abolengo y hombre de altos vuelos, jubilado y feliz.
Desde el asiento trasero de una berlina, con la mirada perdida pero cargada, el ex-mandatario posa impasible ante las cámaras de Annie Leibovitz frente al los vestigios del muro de Berlín, cómo si de un reportaje de suplemento dominical se tratara.
La maleta del anagrama colocada estratégicamente a su vera, pura anécdota sin importancia.
Lo de la Deneuve y los Agassi, es otra historia.