lunes, 27 de agosto de 2007

Mecenazgo o libertinaje































Observo las revistas y todo parece estar teñido de futuro.
Todas las tendencias se reinterpretan en base a una máxima: la enmienda.

Generación hi-tech.
¿Ha muerto el romantacisimo?
¿Se ha dormido el vintage?
No.
Todo vuelve.
Todo se recicla y reinventa.
Pero eso ya lo sabíamos.
No se trata tan solo de innovar en cuestión de tejidos, formas o siluetas.
Se trata de recrear un déjà vu jamais vu. Regenerarse.

¿Quién dijo que segundas partes nunca fueron buenas?

Las bases son unas y a partir de éstas toca jugar, experimentar, tergiversar, mezclar, enredar,replantear o resucitar.

Todo deviene atemporal.

Todo revierte.


Todo es fuente de inspiración.

Y eso es lo complicado.

Que lo que vuelve, vuelva cómo otro. Cómo un todo.

Éste invierno triunfan la lana y el punto inglés, el lurex y el lamé.

Las plumas, el volumen, los lazos y volantes, las líneas rectas y las estructuras armadas o la microfibra acolchada.

El monocolor, la tinta china y el degradé, la piel, lo escocés, el nuevo monje y el espíritu Poiret.

Pollock y Van Eyck.

La globalización, la opulencia, los aires masculinos, las sirenas, y los sastres "reconfigurés".

¿Polos opuestos?

¿Propuestas irreconciliables?

¿Apuestas impracticables?

¿Sinsentidos reprobables?

No.
Moda, sin más.