jueves, 2 de octubre de 2008

Un repulicano en la corte del Rey




Antes de ponernos a hablar de señoras, acaso ¿nadie a va a comentar el Castillazo de la Pataky en el estado de Nueva Inglaterra? ¿ni la aventuras amorosa entre entre Marujita Diaz y Paul Newman?


Menos mal que a Lacroix el cañí que le tira no es este, que también forma parte de nuestra plaza genética, sino el otro, el respetable, el universal, el épico; el del color, el farol, la peineta, la saeta, y el lunar.


Todo ello regado con un buen bustier dieciochesco y lazos de raso por doquier.


Y tachán, aquí está la mujer poeta, la mujer probeta, la mujer de la pompa y el dorado, del capote de oro y de la flor del mal.
Una cortesana en la jungla de cristal.
Una mujer elegante, aparatosa, esquiófrénica, daltónica u hortera.
Una mujer lánguida, prosáica, tendenciosa u déspota.
Pero al menos, no hay duda: ha sido niña.