sábado, 22 de diciembre de 2007

La vida (no) sigue igual




Y no porqué no me haya tocado el gordo, que efectivamente no me ha tocado. Mi teoría es que ya que te tiene que tocar, pues que te toque la bonoloto (o lo que quiera que sea), que se reparte menos pero mejor, vaya que toca mucho más aunque tengas muchas menos posibilidades de que te toque...de todas maneras, yo sigo sin comprar ni de lo uno ni de lo otro, pero uno se siente más integrado y propio de la fiestas si pretende que es uno de los miles de connacionales que juegan a querer ser millonarios. Aunque el "calvo" ya no venda ilusión y la tengas que poner toda tú...




El año en imágenes es una cosa tan recurrente como necesaria , a quién no le da por hacer balance cuando algo que acaba, cuando se cierra un ciclo, un período o una etapa. La pereza total e incongruencia máxima es tener que hacerlo porqué lo dice el calendario y porqué se ha convertido en una costumbre tan navideña como fatal. Es un horror sino error tremendo lo de los bueno propósitos de nueva añada. Lo mismo que toda esa sarta de prácticas absurdas de llevar algo rojo, beberse la copa de cava con una anillo de oro dentro o tener que asistir irremediablemente a una bochornosa fiesta cotillón en casa de algún amigo que se crece siendo el alma de una party exclusiva, y encima, te cobra entrada. Las costumbres son positivísimas si no vienen impuestas por y para la masa, y si no son utres e inventadas.




Lo de las uvas por ejemplo, eso sí hay que seguirlo a raja tabla. Vamos, qué sería de la cuenta atrás sin los pertinentes atragantos, una serie de catastróficas confunsiones a lo Marisa Naranjo y el gran Ramonchu y su sobadísima capa. Nada de nada. No tendría ninguna gracia! Estés donde estés, querido amigo, sigue rigurosamente el ritual de las uvas y las doce campanadas. Porqué lo de la borrachera y los excesos, eso es universal, pero lo de salir de casa a las cuatro, vestirte pretendidamente elegante y pagar una cantidad abusiva por alcohol barato aunque libre en cualquier barra vulgarmente amenizada, eso señores, es muy caserito, muy de la "madre patria" y yo les aconsejo fervientemente que eviten hacerlo tanto dentro como fuera de sus casas. Lo mejor, huir de la muchedumbre, auyentar a la muchachada, perderse en algún oasis gélido de mucha paz y después calma, nada de irse al Caribe o a algún lugar cálido, eso es una burda horterada, bien acompañado, con ligero equipaje, la visa sin tope y por supuesto, un racimo de uvas o en su defecto, una lata.




















viernes, 21 de diciembre de 2007

No me culpo por no adorar a Charlotte

Jóven apuesta y poco dispuesta, bien educada, con trabajo perfectamente estable, canónicamente hermosa y lujuriosamente de buen ver, residente en urbe cosmopolita y moderna, en el epicentro de la vorágine consumista y del desapego mundial, perteneciente a la liga de mujeres emancipadas y liberadas, facción "a la fuerza, yo a la inercia", no por convicción, vive en la inopia de un universo algodonadamente rosa e insosteniblemente conservador.





No es un anuncio por palabras, es mi definición de Charlotte York.






Esa preciosa y concienzudamente anticuada mujer cuyo contacto con la realidad es meramente casual. Calificarla de romántica soñadora me suena demasiado trivial, lo suyo no es un estado de ánimo o un rasgo caracterial, es más bien el burdo pero efectivo resultado de un meticuloso plan venido a trauma educacional, es algo más de tipo congénito, no ilusorio ni infantil, es algo premeditadamente inculcado y transmitido por vía generacional. Algo que se lleva en la sangre y afecta a la salud mental. Porqué distorsiona y entorpece. Porque enajena . Porqué aunque se alabe su vena tradicionalista no hay que confundir salvaguardia de valores con atontamiento falaz.




Yo también creo en el amor eterno, y las descarriadas, las perdidas, las desencantadas de la vida, las que se tiran todo lo que se menea, las que se agrian en el intento, las que dicen que están mejor solas, las que juran y perjuran que nuca se casarán , las que dicen ser mujer de más de un hombre, las que pasan de convencionalismos, las que no quieren ataduras, las que dicen no saber amar...Los cuentos no son buenos ni por defecto ni por demás. Hay sentimientos que mal que nos pese son universales aunque no se asimilen ni ejecuten por igual. Pero no hay que ser esclavo de idealismos prefabricados y dañinos. Porqué te gastan la vida buscando algo que de todos modos vas a saber encontrar. Sin tanta pomposidad extraña. Sin tanto azúcar y con un poco más de sal. Sin dramatismo añadido. Con la justa dosis de realidad. Todos soñamos, idealizamos, y comulgamos. Todos tenemos patrones de vida a calcar. Pero si de vez en cuando uno coje uno un atajo, o se pierde, o se entretiene de más, pues tampoco pasa nada. La finalidad sigue siendo la misma. No te has traicionado. No te has faltado al respeto. Quizás simplemente te has dejado llevar.


miércoles, 19 de diciembre de 2007

Primavera Sound















Prolífico y colorista, hijo del Soho, surrealista y "popista", mitad visionario y mitad genio loco, dibujante ilusionista, encuentra musa que lo desflora y conquista.






La deidad que estimula es mi apreciada Daria, el notario del romance, mi querido Mario Testino, y el compendio que lo refrenda, la primavera en invierno ideada por Ana Wintour.






No es ya el arte el que inspira la moda sino la moda la que inspira al arte e ilumina al artista. Los matices y las formas, los volúmenes y la hechura del próximo verano seducen a un ávido morfólogo de la plasticidad y la estructura. George Condor acecha y avista, sondea y registra, toda pose, toda mueca, todo gesto, toda mímica. La Werwory, cuál esfinge impávida e intangible, impasiblemente viva, se vuelve pura poesía.



































Naturaleza muerta. Sofisticación cubista. Expresionismo urbano. Paisajismo de revista... Matisse se vuelve Ghesquière. Picasso es Marni. Y Vuitton es fauvista. El azul es siempre Klein. Los términos se invierten y las sensaciones se difuminan. Daria es una obra. Se integra, se mimetiza. El color, el calor, el trazo. El algodón, los gouaches, el disolvente, el óleo, el popelín y el plástico se confunden, emulsionan, se solidifican.





















Resulta difícil distinguir quién es victima o verdugo, quién compone, quién dispone, quién ajusta y reconcilia. La disciplina en arte y moda es exactamente la misma. Placidez, pasión y milimétrica precisión. Ingenio, ardor, talento, mente, alma y razón.






Arte y moda emiten sentimientos, plasman emociones, acotan excitación. Gustan o no. Se aman o se odian. Son puramente anímicos y totalmente subjetivos. Transmiten un humor. Manifiestan un quejido. Pero no son nunca indiferencia, apatía, desidia u letal olvido. Aunque sí mera distracción, el mejor bálsamo para los sentidos. Y es que agudizan olfato, oído, vista, tacto, gusto y espíritu creativo.








El editorial me ha parecido fantástico, tan alegre, tan gozoso, tan lleno de energía. Una simbiosis preciosa entre musa y maestro, la comunión perfecta entre creador e “intuición femenina”. Un canto a la destreza y a la chispa. Una oda a la luz. A lo pictórico. Al dibujo. A la grafía. A la costura. Y al lado textil de la vida. Al todo en uno. Al no sin mi retrato. Al rojo veneciano. Al no sin chiffon o muselina.




















































lunes, 17 de diciembre de 2007

A mí no me gusta Lost

Me gusta Grey's Anatomy. Y Prison Break. Y Heroes. Y Private Practice. Y House. Y obviamente, sobra decirlo, me gusta Sexo en Nueva York. Vale, sí, me gustan casi todas las que están aunque no sean todas las que son...y es que, aunque me de apuro reconocerlo abiertamente y sin pudor, también me gusta Gossip Girl.



No es que me dé verguenza es que creo que para esta última, se me ha pasado el arroz.


Y no me gusta nadar a contracorriente en cuestión generacional, porqué parece que uno revierte en lugar de avanzar, y no está bien visto eso de no hacer cosas acordes con la edad, lo de quedarse anclado en un pasado que muchas veces fué mejor o almenos más cómodo y factible, lo de mirar cariñosamente atrás...aunque sea para coger impulso.

Ésta misma mañana me daba cuenta hasta que punto mi reloj biológico hace años que no hace el cambio hora.

Cuando uno ve que las series con las que ha crecido son ahora el gancho para los supuestos hijos de los niños de ese tiempo, osea nosotros, osea yo, se da cuenta de que algo va mal.

"Que sus retoños disfruten con los personajes de su infancia" nos gritan a unos "padres" fruto de la estadística computacional.

Pero si hasta hace dos días algunas mañanas mientras desayunaba todavía veía Heidi, por no decir la gracia que me hizo encontrar en un canal de videos compartidos algunos episodios de los Fraggle (no hace falta decir que recuerdo al dedillo la canción, pero eso lo hacemos todos, que lo sé yo, y nos solemos regocijar en ese dulce recuerdo cuando a nuestra desagradecida memoria le da por frenar), o mi obsesión compulsiva por ver una y otra vez los Goonies (que sigo considerando un hito del cine de los ochenta), bueno, y por no hablar de una película que llevo años buscando en la fnac y por la que me da verguenza preguntar; Aventuras en la gran ciudad, relegada al más desdeñable olvido, con absoluta razón y probado criterio dada su concienzuda y consabida mediocridad pero de la que no sé por qué extraña razón, y aunque al principio era tan solo una extraña mezcla de imágenes sueltas en mi cabeza, guardo un grato y risueño recuerdo.

Cosas de juventud.

Retales de ese pasado que aunque suene ñoño y primitivo, nostálgico y melancólico, normalmente fué mejor.

Mejor porqué ya pasó.

Porqué dejó huella.

Porqué marcó un camino.

Y levantó una voluntad.


























Pero yo a lo que iba era a Gossip Girl. Como iba diciendo, me gusta. Ahora ya que más da...
Su principal atractivo es que la acción se desarrolle en la gran manzana y que sus protagonistas sean efebos pudientes y bellos del Upper East Side. Niñatos seudo problemáticos cuya existencia no sería digna de ser contada sino estuviera regada de Gucci's, Fendi's, Chaneles y Dior's. La trama es más de lo mismo, como digo, adolescentes dañinamente atractivos con problemas de identidad iguales a los que ya pasamos tú y yo pero cuya vida es un poquito más fácil (o no) gracias a esa aureola de millones que les embarga, les abruma, les marca y les atrinchera: chica guapa sale con chico cañón (una monada de niño, la verdad) pero mejor amiga de mala reputación y peor fama se emborracha, se lo "tira", se arrepiente, se larga, vuelve, y aquí arranca el guión.















Merece la pena verla porqué está rodada en exteriores, en localizaciones reales, en mi querido Nueva York (la base de operaciones es el magnífico Hotel Palace). Porqué a pesar de que no nos cuenta nada nuevo no es simplona, ultra edulcorada o sensiblera. Porqué los personajes son parcialmente creibles y verosímiles (y esa es precisamente la gracia, cincuenta por ciento plausible, cincuenta por ciento improbable). Porqué tienen unas casas estupendas (aig esos flats...). Porqué la banda sonora es perfecta (por lo convenientemente comercial, que es lo pega). Porqué no pretende más de lo que da. Porqué entretiene una barbaridad. Porqué los looks son dignos de un Sex and the City precoz. Y porqué aunque no tengas quince años, ¿y porqué no?
































































































jueves, 13 de diciembre de 2007

Welcome to winterland


El invierno me gusta porque me encanta el frío, el aire gélido que te corta la cara, el vaho como humo, el tacto de la lana, las botas con calcetines, los calcetines para andar descalza por casa, las medias tupidas por debajo de la falda. Las bufandas, los guantes, los leotardos, las infusiones ardiendo, la sopa, el menú de cuchara. Que las terrazas se archiven, que la cerveza se convierta en cava, que las siete sean como las doce, y que salir por la noche sea más que un dilema, una traba.




Las películas a la luz de las velas y bajo una manta, los fines de semana sin playa y con nieve, sin bikini, con escarcha. Que los kilos de más se aposenten sin vergüenza, se camuflen, tengan alas. Que enseñar no sea tu coartada, que la vista no sea la mejor arma, que se agudicen los sentidos, el ingenio, la imaginación y el habla.



Que los colores invernen, que el gris tome la palabra, que la estación sea la excusa para que el buen humor, la alegría, y el positivismo innatos, decaigan. Que la nostalgia te invada, ávida de cobijo, de albergue, de posada.




Me gusta el invierno porqué es necesario para el alma. Para salir adelante sin calor, sin entusiasmo colectivo, sin júbilo contagioso, sin tono, sin inherentes ganas. A oscuras. A solas. Sin gente. Tirando desde dentro. Todo espíritu. Pura entraña.





Me gusta el invierno porque si te pierdes te encuentras. Si te fuiste, te hallas. Si volviste, te quedas. Si huiste, te culpas. Si fallaste, te resguardas. Me gusta el invierno porque cuando te tiene cercado se disuelve, se funde, te suelta, y se marcha.



miércoles, 12 de diciembre de 2007

Dear Daria



No es la top del momento, no es la modelo del año, no es la más deseada.
Ya no abre seis desfiles seguidos en una misma fashion week (desconozco quién ostenta actualmente el record) ni suele hacer triplete consecutivo en la portada de vogue italia (como hizo el año de su lanzamiento, en 2003, cuando copó hasta seis veces la primera plana de la edición italiana). Ya no es la favorita de Chanel, Karl la cambió por Freha, la reemplazó por Irina y la ocultó tras Claudia, no es adorada por Gucci y tampoco es ya la Nicole Kidman de Prada, pero la Ukraniana que vino de otro frío en la era de Gisèle y su seudo voluptuosidad a la carta , "La Divina" entre malvadas, sigue liderando la industria gracias a su multi presencia editorial y publicitaria.

















Y es que Daria ya no está de paso, Daria ya no se marcha.
Es una de las mejor pagadas y aunque la pasarela ya no es su habitat, su consolidada carrera y su físico arraigado y sólido, son ya más que un mero reclamo pasajero, son una marca registrada.
Siempre me gustó esta chica, desde que Marc Jacobs apostara por ella en un primer momento y se hiciera un nombre entre las niñas del este, todas tan iguales, tan clónicas, tan etéreas, tan lánguidas. A Daria es difícil confundirla con otra, no tiene una belleza homogénea, su rostro es cándido pero felino, dulce pero muy enredoso. Sus ojos son espectacularmente transparentes y posee una mirada inquietante. Será porqué dicen de ella que se transforma ante el objetivo, que se mete en el papel hasta los huesos y hace con la misma facilidad y credibilidad turbadora de gata obediente que de pantera peligrosa.





































El kaiser dijo de ella "es mucho más que una modelo, goza de una personalidad y una belleza únicas", y no se equivocaba. Tom Ford la eligió para su campaña despedida de Gucci y Miuccia Prada la utilizó como reclamo en varias de sus campañas, además de hacerla imagen de su primera fragancia. Lo gurús de la moda la querían y adoran, si uno la tiene, los demás la aclaman, pero la profusión amorosa no es eterna, no dura para siempre la plétora en la cumbre y Daria, siguiendo la estela de las grandes top models, vió, llegó y venció, y tras conquistar el mundo, se apeó un momento, se salió sin irse, se bajó en marcha, y ahí sigue, cinco años después, como si no hubiera pasado nada.
































































Digamos que ha seguido el orden natural de toda modelo que ha tocado el cielo, que ha sido la más cotizada, las más buscada, la más perseguida, la más vista, y consiguientemente, la más desgastada. Muchas lo intentan, algunas lo consiguen y muy pocas se mantienen. Solo unas pocas elegidas se quedan, subsisten, y alargan lo improrrogable, ese ambicionado sitio en una noria inestable y movediza, rotatoria sin tregua, con prisa, sin pausa, de la que a todos les toca bajarse, aunque ella nunca se para.




















































































Reacción en cadena II


Bien, esto del meme me suena fatal pero gracias Alma por acordarte de mí y principalmente por tu imprescindible blog, y nada, que si hay que hacer la mini entrevista pues se hace, no seré yo quién rompa el feedback. Así que allá va:





"Como ya empieza a ser hora de hacer planes navideños, pensar en los regalitos que le harán ilusión a cada uno, decidir lo que te hace ilusión a tí…, vamos a ponérselo fácil a Papá Noel, los Reyes Magos, Olentzero, niño Jesús, amigo invisible o quien quiera que se pase por tu casa.Este meme habla de cosas materiales… Por tanto la paz mundial, reparación de la capa de ozono, etc…, no valen como respuestas."



1.- ¿Cuál es el regalo que más ilusión te haría estas navidades? Ahora y siempre, un viaje.



2.- ¿Y el que menos ilusión? Un perfume.



3.- ¿Qué vestido llevarías a una fiesta esta nochevieja si tuvieras a todos los diseñadores locos por dejarte uno? El que he puesto más arriba, de Givenchy HC.

Y no sé, "nomino" a allure, aretha y viviana.