
Vivo sin vivir en mí con el alma en un puño por culpa de una reciente adicción, y no, no es el blog, que esto no es ningún vicio aunque sí es algo oculto, sino por culpa de un grupo de individuos perdidos en una isla, que a día de hoy dudo que sea atolón ninguno, más me gustaba mucho la idea inicial de un accidente aéreo banal, pero entonces ya no sería
Perdidos, sino S
upervivientes y esa, es bien consabidamente otra historia (¿verdad
Karmele, chata?) . Pero no es que viva ansiosa total por el discurrir de los acontecimientos, que también, sino porqué hay momentos en los que pienso que no me importaría estar en su lugar. No sé si hasta el punto de no llegar a ser rescatada jamás de los jamases y vivir por los siglos de los siglos en una casi perfecta simbiosis natural, que por otra parte buena falta me haría siendo una integrista de ciudad, pero a ratos me parece que tiene que ser muy purificador eso de desaparecer del mapa con un grupo de desconocidos y empezar de cero...Y no hace falta que tu existencia sea una "mierda" para tener cierta predisposición al escapismo porqué hay veces en la vida en las que uno navega por aguas estancadas y agradecería un borrón y cuenta nueva, aunque sea de uso y disfrute imaginario.
El otro día por fin vi No country for old men (y de aquí hay que deducir que no fui a verla, sino que la vi, a secas) y con las películas me pasa como con los desfiles, que los tengo que digerir antes de opinar, en otra vida fui de juicio taxativo e inmediato pero con la edad lo tengo que procesar todo porqué me he vuelto un saco de dudas, eso, o será que tengo más criterio y menos ansia y me da por contrastar antes de lanzarme a gritar mi verdad. La verdad, de la otra, es que no soy (o no sé si soy) gran fan (vale, fans para los Agrado's) de los Coen, me parecen unos freaks demasiado quietos (sin tics) y desconfío de la gente que no gesticula demasiado, además de que el rollo entre hermanos me da mala espina (y sino que baje Freud y lo vea); pero bueno, reconozco la excelencia de Fargo, poseo Arizona Baby y no, no he visto The big Lebowski por muy delirante que sepa que es. Delirio precisamente es lo que no hay en No es país para viejos, cinematográficamente, es impecable, y no es que lo digan los críticos y los expertos (si es que algo así como eso existe), es que lo he visto yo (afirmo, he dicho), pero el transcurrir de la acción es un tanto frígida (que no espesa), árida como el desierto de New Mexicó, y la verdad es que la magia es esa, que tan brutal magnetismo salga de tan escasa y oral profusión (son bipolares, estoy segura). Bardem se come con patatas todo, y eso que Josh Brolin (con el que me tropecé casualmente en El Hombre sin sombra, qué cosa más tonta) y Tommy Lee Jones, están estupendos (y eso que no me quedé con su copla porqué les entendía a medias), pero es que la cara de pirado de Javi, que en parte viene de fábrica, es lo siguiente a creíble: no os han engañado niños, "acojona". Y ese acento pulido, vamos, que le de clase a Pe entre pecho y espalda porqué buena falta le hace a la niña de sus ojos hablar inglés cómo Dior manda.
Que el debate os siente tan bien.