
Perdonen si no alzo la vista, si no muevo un dedo, si cruzo las piernas y no me circula la sangre, si cierro los ojos y no miro hacia delante; perdonen la venda, la cuerda, la pereza y la envidia;
perdonen que arrugue la alfombra, no me quite el sombrero y vista mis sandalias con calcetines de hilo de seda.
Perdonen si mi nombre no es Maruja, ni mi apellido Torres.
Perdonen la pose, el tono, el color y el reojo; perdonen el exceso de expectación y la falta de miras: perdonen que me esconda detrás del biombo.



