
Si la Costura hace de lo feo algo bello, y el arte, de lo feo, algo bello, Juan Carlos Antonio tiene algo de los dos, pero lo más monstruosos que se pueda ver sobre una de sus pasarelas, es él (e Irina Lazareanu). Otros se cobijan en el parapeto de la Alta Costura para hacer confección de calidad, pero mueren en el mismo momento en el que salen a escena, porque el sueño ¿dónde está? Juan sabe que su obligación es hacer soñar y nadie mejor que él para narcotizar nuestros sentidos y hacernos olvidar por un momento, que lo real, no siempre es palpable, que lo que existe, no siempre es real.




Costura son materiales nobles, hilos de oro y engarzar; costura es artesanía, y es humo; costura es un precio hora que se triplica, y son muchos días de dedal; son batas blancas, guantes, ojales, organzas, y precisión milimétrica; son focos, son cámaras, es acción; es dinero, es lujo, y sinrazón.
Es Alicia en el País de las Maravillas, Baudelaire y Marivaux; es La joven de la perla: alma de poeta y trazos de pintor; es picardía burlesca, y son muecas de bufón: su nombre es John Galliano pero sabe a Christian Dior.


