
El día que yo me case, a mi futuro marido le compraré una camisa con chorreras y me ataré a él con una cadena de platino; yo me plantaré unas botas hasta las ingles y me dejaré de romanticismos.
Tengo la intuición de que será en Las Vegas, y me da lo mismo si tiene validez; nada de cosas exóticas, minimalistas, y espirituales; un predicador de pega, un disfraz usado y un pelucón de alquiler.
Y eso que le estoy cogiendo el gusto al Telva y disfruto con sus sesiones de terapia familiar gratuita y Elena Francis de alto nivel; ya no me molestan los especiales de niños pera ni los anuncios de salas de banquetes: ni siquiera las recetas y las casas redecoradas por Pascua Ortega.
Y eso que ya no sala Tamara.
Pero he decidido que para recortar, me va de perlas.
Así que no, no me aburgueso del todo, y mucho menos en cuestión nupcial, que yo soy multidisciplnar, como mi tío H. , pero a día de hoy puedo afirmar y afirmo, que me tira más el Telva que el Vanidad o el Neo2: ha muerto la wannabe tendenciosa que nunca hubo en mi interior.
Y como estoy de luto, mañana me voy al Pan y Mantequilla para darle también a él la extrema unción.
