
Prometí que volvía y no he vuelto, al menos no como yo quería, yo y mis promesas que no prometen y mis juramentos imposibles. Yo soy de las que se come la cabeza hasta la enajenación por no hacer una cosa pero que al final, no la hace.
Y esto no es un adiós, como dice Lucio, qué más quisierais, no va a ser tan fácil deshaceros de mí. Estoy liada con todo, no tanto como para hacer reformas interiores como tío Haquiles, pero casi. Debería cerrar temporalmente digamos que por cambio de escaparate....
Es muy rara la sensación de no escribir en mi refugio, y es que ni entro porque me apura leer los comentarios, y a medida que pasa el tiempo y está inactivo me angustia el volver a plasmar palabras y que ya nadie las escuche; empecé sola y sin esperanza ninguna de ser leída y ahora me remuerde la conciencia el no sacar tiempo para no contar nada.
Estas nadas nuestras tan dulces, tan sabrosas, tan tramposas por anónimas, tan sinceras por inmunes, tan espontáneas, tan francas, tan mentirosas como veraces, tan ricas, tan ingenuas, tan diabólicas, tan despojadas y desnudas.
Este el lado oscuro de la fuerza que a todos nos une, que no se rompa, corazón, que no se rompa, aunque se quebrante, aunque se interrumpa, aunque se infrinja la norma no escrita de deberse al prójimo blogger,
que no se marchite, que siga, que dure,
vuelvo enseguida,
no se vayan,
circulen,
pero regresen a mí...
siempre suya,
tuya,
vuestra,
scrunchieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee